Miramos cuatro cosas: si se conectó una cuenta, si salió una publicación programada, si entró una segunda persona y si el espacio sigue trabajando a los treinta días. Ninguna de las cuatro sube con una campaña de anuncios. El resto de cifras, registros, visitas y seguidores, las tenemos delante y no deciden nada.
Una métrica tiene que poder salir mal
Antes de añadir un número a un panel nos hacemos una pregunta incómoda: qué aspecto tendría ese número si el producto fuera malo. Si la respuesta es que subiría igual, el número no está midiendo el producto. Está midiendo otra cosa, casi siempre el presupuesto de anuncios de ese mes.
Los registros suspenden esa prueba sin discusión. Suben cuando un artículo empieza a posicionar, suben cuando se lanza una campaña y suben cuando alguien cambia un titular. Nada de eso dice si la herramienta sirve para el trabajo de quien se dio de alta. Las visitas a la página de precios tienen el mismo defecto, y los seguidores de nuestra propia cuenta son directamente una cifra sobre nosotros y no sobre el producto.
Hay una segunda prueba, más dura. Si ese número saliera mal tres meses seguidos, ¿haríamos algo distinto? Un número que no puede cambiar una decisión es decoración cara: cuesta instrumentarlo, cuesta revisarlo y acaba ocupando el tiempo de reunión que merecía otro. De las dos pruebas sobreviven muy pocas cifras, y esa escasez es intencionada.
Las cuatro preguntas que nos importan
Lo que queda son cuatro preguntas, y las cuatro se responden mirando un espacio de trabajo entero, nunca a una persona suelta.
- ¿Se conectó una cuenta? Conectar un perfil social es el primer paso que cuesta algo de verdad: hay que entrar en la red, autorizar y elegir la cuenta correcta entre las que aparecen. Nadie lo hace por curiosidad, y separa mejor que cualquier formulario.
- ¿Salió algo programado? Que una pieza se publique sola a su hora es la primera vez que el producto hace trabajo en lugar de prometerlo. Hasta ese momento el espacio es una carpeta ordenada.
- ¿Hay una segunda persona dentro? Un espacio con un solo usuario puede dejar de usarse sin que nadie se entere. Con dos aparece una costumbre compartida, y una costumbre tiene inercia: alguien pregunta por una pieza, alguien contesta, y el calendario pasa a ser el sitio donde se discute el trabajo.
- ¿Sigue trabajando a los treinta días? Es la única de las cuatro que no se puede acelerar. Se espera, se mira y se acepta el resultado.
Ninguna de las cuatro es un porcentaje que vayamos a publicar aquí, y no por prudencia: un porcentaje sacado de una base todavía pequeña dice más sobre la base que sobre el producto. Lo que sí podemos contar es cómo están medidas.
Con qué se mide cada una
Cinco instrumentos, cada uno respondiendo a una sola cosa. La columna de la derecha es la que evita la mayoría de los errores de lectura.
| Instrumento | Qué responde | Qué no puede responder |
|---|---|---|
| Tag Manager y Google Analytics | De dónde llega una visita y qué hace en la web | Nada de lo que ocurre dentro del producto |
| PostHog, nube europea | Qué funciones se usan y en qué paso se abandona el alta | Por qué alguien se fue |
| Sentry | Qué se rompió, en qué versión y a quién | Si algo funciona mal sin llegar a fallar |
| Semrush | Qué se busca y en qué posición aparecemos | Si esas visitas sirven para algo |
| La pantalla de suscripción | Cuentas, almacenamiento y contactos de cada espacio | Si el espacio está contento |
Encima de los cinco hay un archivo de texto en la raíz del repositorio. Cada vez que un cambio toca algo medible se escribe ahí qué significa para los eventos que ya existen, y las tareas que hay que hacer en una consola se quedan como pendientes con fecha. No es burocracia: un año después, «por qué este evento se llama así» es una pregunta real y ese archivo es el único sitio donde está contestada.
Una sola puerta y un vocabulario cerrado
La decisión más rara de todo esto es también la más barata. En esta web hay exactamente un archivo que puede enviar un evento, y dentro de él la lista de nombres que pueden salir es cerrada. No es una convención de equipo ni una nota en un documento: es un tipo, y un nombre inventado en cualquier otro sitio no compila.
El motivo es que la capa de etiquetado se activa por nombre. Un contenedor solo puede dispararse con un nombre que alguien haya enviado de verdad, así que un evento inventado sobre la marcha en una página no es un dato de más, es un disparador que nadie escribió y que por tanto no existe en ningún informe. El fallo no avisa. Simplemente no hay filas.
Lo mismo pasa con los sitios de la página donde se puede hacer clic. En vez de una cadena libre hay una lista de posiciones, y cada enlace declara la suya en un atributo comprobado en los sesenta y siete puntos donde se usa. Una errata ahí sería una posición que ningún informe agrupa; con la lista cerrada, es un error de compilación.
El efecto secundario resultó ser lo más útil de todo. En un entorno sin contenedor, un portátil o una vista previa, la función escribe igual en un array que no lee nadie. Eso permite ver la taxonomía entera desde la consola del navegador antes de que exista una sola etiqueta, y es la forma en que esta capa se verifica.
Por qué casi todo se mide desde el servidor
Los eventos del producto no se envían desde el navegador. Se envían desde el servidor, justo al lado de la escritura que hace que la cosa ocurra. Hay uno por cada operación que pasa por una función con permiso, con la clave de la función y la ruta, y se captura cuando la escritura ha ido bien.
La consecuencia práctica es que un bloqueador de anuncios no puede esconder que una función se está usando. Midiendo desde el navegador, quien usa un bloqueador desaparece del informe entero, y ese perfil es el de mucha gente técnica, la que más nos interesa escuchar.
La excepción es una sola y está puesta a propósito: la vista de una pantalla del alta se captura desde el navegador, porque el servidor no puede saber que alguien leyó una pantalla, solo que escribió el paso siguiente. Y un embudo construido únicamente con escrituras no ve lo que es un abandono: la pantalla que alguien miró y dejó.
Todo lo de este artículo se hace desde un mismo sitio en GoFeed.
Pruébalo gratisLo que no miramos, a propósito
No leemos el contenido de lo que publicas ni los mensajes que entran en tu bandeja. Las métricas de producto se calculan sobre recuentos y estados, y eso es una limitación técnica antes que una promesa: en el evento hay una clave de función, una ruta y un identificador, y ningún sitio donde quepa un texto tuyo.
Las calculadoras de la web siguen la misma regla llevada al extremo. Lo que alguien escribe en ellas no sale nunca de su navegador; el evento dice qué calculadora terminó de calcular y nada más. Un evento que llevara los números de alguien sería lo primero de esta web en romper esa regla, y por eso el campo directamente no existe.
El servicio de producto está alojado en la Unión Europea y los navegadores llegan a él por una ruta de nuestro propio dominio. Conviene decirlo sin adornos: los bloqueadores filtran por nombre de servidor, así que esa ruta hace que se pierdan menos eventos, y es una de las razones por las que está ahí.
Lo que tú ves de tu propio espacio son las mismas cifras que vemos nosotros, en la pantalla de suscripción, y las métricas de tus redes viven en otro sitio distinto, el módulo de analíticas, que no tiene nada que ver con esto. Cómo se convierten en un documento mensual está en la guía de informes de redes sociales.
Cuando un número deja de significar lo que significaba
En septiembre la prueba pasó a pedir una tarjeta. La conversión que marcaba su inicio dejó de dispararse al terminar el asistente y pasó a dispararse cuando llega la tarjeta, así que la cifra bajó el mismo día del despliegue. No se perdieron altas: cambió la población que cuenta el número, y esa distinción es la que separa un análisis de un susto. El día queda anotado, y el razonamiento completo está en cómo decidimos el precio.
Hay una trampa peor, porque es silenciosa. Una dimensión nueva en analítica no se rellena hacia atrás: los días entre que un evento empieza a enviarse y alguien lo registra en la consola se pueden contar en total, pero no se pueden desglosar nunca más. Por eso el orden correcto es registrar primero y desplegar después, y por eso las tareas de consola son la parte del trabajo que más se olvida y la única que no se puede recuperar.
Y aplicamos con nuestros propios números las dos reglas que le contamos a todo el mundo. El alcance no se suma entre días, porque quien te vio el lunes y el martes es una persona y no dos, cosa explicada en alcance e impresiones. Y una tasa se recalcula desde los totales del periodo, nunca como media de las tasas diarias, que da un número distinto y siempre más favorable, como en la guía de la tasa de interacción. Un equipo que se salta esas dos reglas consigo mismo no tiene ninguna autoridad para pedírselas a nadie.


