Lo que se reutiliza bien es la idea, no el archivo terminado. El vídeo puede ser el mismo, pero la proporción, la duración, el gancho de los primeros segundos y el pie se rehacen para cada red. Una sesión de grabación honesta da unas cinco piezas, repartidas a lo largo de varias semanas.
Las cuatro capas de una pieza, y la única que cruza
Una publicación terminada tiene cuatro capas y solo una de ellas pasa de una red a otra sin que haya que tocarla. La idea, el hecho que cuentas o la cosa que enseñas, viaja entera. El gancho, el formato, el pie y la llamada a la acción están cosidos a la red donde nacieron, y son exactamente lo que se rompe en el traslado.
Conviene ver hasta qué punto son cosas distintas. En TikTok el gancho ocupa el primer segundo y llega con sonido, así que un vídeo que empieza con dos segundos de logotipo ya ha perdido. En un reel de Instagram quien decide es la portada y el primer fotograma, porque mucha gente lo ve en silencio y desde la cuadrícula del perfil. En LinkedIn lo que se lee son las dos primeras líneas antes del «ver más» y el vídeo arranca mudo, de modo que un argumento que solo existe en el audio no existe.
Sigue cambiando cuando bajas por la lista. En Pinterest la pieza no se consume el día que sale, se busca meses después, y por eso pesa más el título que el gancho. En un Short de YouTube el título es un término de búsqueda y no una frase de guion. En Threads y en Bluesky la unidad es una frase corta, 500 y 300 caracteres, con una conversación detrás. En Google Business no hay gancho que valga: hay una novedad de un negocio que alguien está mirando en un mapa mientras decide si entra.
La consecuencia práctica es que el trabajo no está en mover el archivo, está en volver a escribir las tres capas que no viajan. Si grabar te costó dos horas y adaptar las piezas te cuesta 20 minutos, casi seguro que no las has adaptado.
El archivo, y las trampas que delatan un reenvío
Hay una segunda capa de problemas que no es de mensaje sino de fichero, y es la que hace que un espectador note que eso venía de otro sitio. Estos son los límites reales que acepta cada red conectada para un vídeo, que es la pieza que más viaja.
| Red | Formato | Proporción que acepta | Duración máxima |
|---|---|---|---|
| Reel | 9:16 | 90 segundos | |
| Historia | 9:16 | 60 segundos | |
| Feed | Entre 4:5 y 1.91:1 | 60 minutos | |
| Reel | Vertical, mejor 9:16 | 60 segundos | |
| Historia | 9:16 | 120 segundos | |
| TikTok | Vídeo | 9:16 | 10 minutos |
| YouTube | Short | Vertical obligatoria | 180 segundos |
| YouTube | Vídeo | 16:9 | Sin límite documentado |
| Feed | Entre 1:2.4 y 2.4:1 | 30 minutos | |
| Threads | Feed | 9:16, 1:1 o 16:9 | 5 minutos |
| Feed | 2:3, 1:1 o 9:16 | 15 minutos | |
| Bluesky | Feed | 16:9 o 1:1 | 60 segundos |
| Snapchat | Feed | Vertical, mejor 9:16 | 60 segundos |
| Google Business | Feed | No admite vídeo | No admite vídeo |
Las cuatro redes que faltan para llegar a las catorce, Reddit, Telegram, Discord y WhatsApp, no publican requisitos de vídeo que merezca la pena comprobar de antemano. Y el techo de 30 minutos de LinkedIn es el de una página de empresa: un perfil personal se queda en 10, y desde fuera no hay forma de distinguir una cosa de la otra, así que más vale ir corto.
Lo que la tabla enseña de golpe es que un corte de 80 segundos entra en un reel de Instagram, no entra en una historia y cabe holgado en TikTok. Por eso la pieza madre conviene montarla en 9:16 y por debajo de 60 segundos: desde ahí se sube a todas partes, y al revés no. Un plano horizontal recortado a vertical en el último momento se nota siempre, porque los rótulos se salen y la cabeza queda pegada al borde de arriba.
Los suelos importan tanto como los techos y se olvidan más. Un reel de Instagram o de Facebook quiere al menos tres segundos, Pinterest cuatro y Snapchat cinco, de manera que ese corte brillante de dos segundos no tiene destino en ninguna de las cuatro. El peso también muerde: Bluesky recomienda no pasar de 1 MB por imagen y de 50 MB por vídeo, que es entre cuatro y ochenta veces menos que cualquier otra red de la lista.
Cuántas piezas salen de verdad de una sesión
La aritmética optimista dice que de una grabación de una hora salen quince publicaciones. Sale ese número, sí, pero la mitad son la misma frase con otro fondo y el público que las ve es el mismo en todas, con lo cual no has multiplicado el alcance, has repartido el mismo alcance en más trozos y has bajado la media de cada uno.
El reparto que aguanta es más corto y más desigual. De una sesión de una hora, bien preparada, salen un vídeo vertical entero, dos cortes de menos de un minuto que se sostienen solos, un carrusel con lo que se dijo escrito y un texto largo para donde el texto funciona. Cinco cosas. Cada una responde a una pregunta distinta, y esa es la prueba de que son cinco piezas y no una repetida cinco veces.
Para que ese reparto exista hay que decidirlo antes de grabar. En la práctica son tres cosas: dejar silencios limpios entre bloques para poder cortar, grabar algún plano de recurso que sirva de portada al carrusel, y anotar mientras grabas las dos o tres frases que van a ser el texto largo. Quien lo intenta después saca dos piezas y media.
Lo que multiplica de verdad no es el número de trozos, es el número de redes que cada trozo puede visitar. Cinco piezas repartidas entre cuatro cuentas son 20 apariciones sin que nadie vea dos veces lo mismo, siempre que el pie de cada una esté escrito para el sitio donde aparece.
En qué orden salen y cuánto se deja entre primas
El orden no es cosmético. La pieza que estrena la idea debería salir donde el formato nativo es más fuerte y donde el algoritmo reparte más rápido, que hoy es el vídeo vertical corto. La versión larga y la versión escrita van después, porque aprovechan el interés que la primera ya levantó y porque llegan a gente que no consume vídeo.
Entre una pieza y su prima directa, la del mismo material, deja al menos una semana en redes distintas. Si van a la misma red, la distancia sube a un mes y la pieza tiene que cambiar de formato, no solo de pie. La gente que te sigue en dos sitios es más de la que parece, y el coste de que te vea repetido dos días seguidos no es que se aburra: es que deja de abrir tus avisos.
Ese calendario se cruza con el otro problema, que es cuánto publicas en total. Meter cinco derivadas de una sesión en una semana sube tu frecuencia aparente sin subir tu producción, y el resultado suele ser peor interacción media en todas ellas. Cómo se calcula el número que puedes sostener sin diluirte está en la guía de frecuencia de publicación, y conviene mirarla antes de decidir cuántas derivadas se aprovechan.
Todo lo de este artículo se hace desde un mismo sitio en GoFeed.
Pruébalo gratisLo que se reescribe siempre
El pie es lo primero, y es donde se ve el copia y pega a un kilómetro. Un pie de Instagram, que puede ocupar 2.200 caracteres, empieza por una frase que engancha y deja los hashtags al final o en el primer comentario. Ese mismo texto en LinkedIn suena a anuncio, porque allí se espera que las dos primeras líneas planteen un problema profesional y que no haya hashtags apilados. En Threads no cabe: son 500 caracteres. En Bluesky, 300, así que hay que quedarse con la frase, no con el párrafo. Y en Pinterest, otros 500, pero escritos como se escribe un titular, con las palabras por las que alguien buscaría eso dentro de medio año.
La llamada a la acción es lo segundo. «Enlace en la bio» funciona en Instagram y no significa nada en un vídeo de YouTube, donde el enlace va en la descripción, ni en Google Business, donde el botón es el que la plataforma ofrece. «Comenta la palabra guía y te lo mando» tiene sentido donde hay un flujo de mensajes directos detrás y es ruido donde no lo hay. Cambiar la llamada a la acción cuesta una línea y es la diferencia entre una pieza que trabaja y una pieza que decora.
Lo tercero es la primera línea del vídeo. No hace falta regrabar: normalmente basta con recortar dos segundos por delante, poner un rótulo distinto y cambiar la portada. Con eso, la misma grabación deja de parecer un reenvío en la segunda red. Y si tienes conectadas varias cuentas, el sitio donde se escriben esas variantes a la vez, viendo el límite de cada red mientras escribes, es el calendario de publicación.
La parte que sí puede ser una regla
Hay una mitad de todo esto que es artesanía y no se automatiza, y otra mitad que es bajar un archivo de una cuenta y volver a subirlo a otra. La segunda puede dejar de hacerse a mano. Una regla de Workflows une una cuenta de origen con una cuenta de destino, una a una, y lleva la pieza sola en cuanto aparece o la reparte en las franjas horarias que le marques.
Antes de montarla hay tres cosas que saber. El origen puede ser Instagram, Facebook o una página de empresa de LinkedIn, y ninguna otra: a TikTok, YouTube y Google Business se les puede preguntar por una publicación pasada y contestan con el registro, pero no con el archivo de vídeo, y sin archivo no hay nada que llevar. El reparto distribuye lo que el espacio de trabajo ha recogido desde que encendiste la regla, no el catálogo histórico entero. Y el pie se copia tal cual, o se le añade un prefijo y un sufijo que has escrito tú, o se deja vacío; nadie escribe nada por ti.
Tampoco es una cola de reciclado. No repite la misma pieza en la misma red una y otra vez, y una restricción de la base de datos impide que la misma publicación de origen salga dos veces. Lo que hace es llevar una pieza una vez a una red distinta. Volver a sacar dentro de tres meses algo que funcionó sigue siendo trabajo tuyo, reescrito y con otro gancho, que es como debe ser.
Qué pares de cuentas se pueden unir, qué avisa y qué se niega está contado en publicar de una red a otra, y la comparación con las herramientas que solo hacen este trozo está en GoFeed frente a Repurpose.io. El módulo entero vive en Workflows, y su única promesa es esa: el transporte automático, la escritura tuya.