Una automatización es una regla atada a una publicación de una cuenta conectada de Instagram o de Facebook. Cuando alguien escribe la palabra que le pusiste, sale un mensaje privado con un enlace corto creado para ese envío. Entre el aviso y el enlace caben dos pasos opcionales: pedir que te sigan y pedir un correo.
Una regla vive sobre una publicación
Lo primero que hay que entender es dónde se coloca la regla, porque de eso salen casi todas las respuestas posteriores. Una automatización no es una configuración de la cuenta ni un ajuste global: es una fila que apunta a una cuenta conectada concreta, a una publicación concreta y a un disparador concreto. Esa terna es única, así que no puedes tener dos reglas peleándose por el mismo comentario.
La publicación se elige de una lista. No hay que copiar un identificador de ningún sitio ni pegar una URL, porque las publicaciones de la cuenta ya están ahí con su miniatura y su primera línea de texto. Es una tontería de interfaz que ahorra el error más común de esta categoría de herramientas, que es atar la regla a la publicación de al lado.
Para las reglas de comentario hay además tres alcances, y el tercero es el interesante:
- Esta publicación, la que acabas de elegir, y ninguna más.
- Cualquier publicación de la cuenta, para una palabra clave que usas siempre, del tipo del nombre de tu catálogo.
- La próxima que publiques, que se ata sola a la pieza que todavía no existe. Es la forma de dejar preparado un lanzamiento el jueves para una publicación que sale el viernes por la mañana, sin tener que volver a abrir nada ese día.
Cómo se monta todo, paso a paso y con la pantalla delante, está en la página de Auto DM.
Los tres disparadores, y qué cambia entre ellos
Hay tres formas de que una persona active una regla, y no son intercambiables: cada una vive en un sitio distinto de la plataforma y cada una permite cosas distintas.
| Disparador | Dónde funciona | Qué permite además del mensaje |
|---|---|---|
| Un comentario con la palabra | Instagram y Facebook | Respuesta pública bajo el comentario, mensaje de apertura y elección del alcance |
| Una respuesta a una historia | Solo Instagram | Una reacción a la historia, y la regla puede atarse a una historia concreta o a todas |
| Un mensaje directo con la palabra | Instagram y Facebook | Nada público: la persona ya está en la bandeja y la conversación empieza donde está |
La fila del medio es la que más gente da por sentada en las dos redes, y no lo está: Messenger no tiene evento de respuesta a historia, así que una regla de ese tipo sobre una cuenta de Facebook no se guarda a medias, se rechaza. Es preferible una negativa clara a una regla que nunca dispara y que pasas un mes esperando.
La fila de arriba tiene un detalle que conviene conocer antes de diseñar nada. Meta permite una sola respuesta privada por comentario, y solo durante siete días. Una llamada que falla se la gasta igual. De ahí que el hueco de envío se reserve antes de que salga nada hacia fuera: un «te lo he mandado por privado» público sin mensaje detrás es peor que el silencio, y esa es la razón de que la respuesta pública y el mensaje viajen juntos en lugar de en dos pasos.
Esa respuesta pública admite varias redacciones tuyas, y la que sale se elige a partir del propio envío en vez de al azar. Es una decisión rara de explicar y fácil de agradecer: cuando la plataforma reintenta una entrega, lo cual pasa, el reintento escribe exactamente las mismas palabras. Un sorteo habría dejado dos respuestas distintas colgando del mismo comentario, que es la forma más rápida de que un hilo público parezca automatizado con descuido.
La puerta de seguir pregunta, no comprueba
Aquí es donde casi toda la categoría exagera, así que vale la pena ser preciso. Si activas la puerta, el mensaje pide que te sigan antes de soltar el enlace y la persona lo confirma tocando el botón que lleva el propio mensaje. Eso es una declaración suya, no una verificación nuestra.
El motivo es de la plataforma, no de diseño. Instagram solo responde a la pregunta «esta persona te sigue» sobre alguien que ya ha escrito a la cuenta, y ni siquiera siempre; en el caso normal la respuesta es que no lo sabe. Vender una comprobación del listado de seguidores sería vender una consulta que devuelve un encogimiento de hombros. Así que se pregunta.
Dos consecuencias prácticas. La primera es que la puerta solo existe en Instagram: en una cuenta de Facebook no hay relación que leer, y activarla dejaría a la gente esperando una respuesta que nadie puede dar. La segunda es que insiste poco a propósito. La regla pide tres veces como mucho, contando la primera, y después se calla para siempre en esa conversación. Una persona que no quiere seguirte recibe el aviso, dos recordatorios y nada más, que es la diferencia entre una puerta y un bot que discute.
El enlace corto se crea para cada envío
Cada mensaje lleva su propio enlace, del tipo gofeedapp.com/r/ más un código de diez
caracteres. No es uno por regla ni uno por destino: es uno por entrega, y si programas un
seguimiento que apunta a otro sitio, ese seguimiento lleva el suyo.
Suena a detalle técnico y es en realidad toda la historia de la medición. Como el enlace se le ha dado a exactamente una persona, decir «este envío se abrió» no necesita cookie, ni dirección IP, ni huella de navegador, ni nada que persiga a nadie fuera del propio enlace. El dato es verdadero por construcción y no por inferencia estadística.
El código usa un alfabeto sin ceros, oes, unos, eles ni íes, porque un enlace corto acaba leyéndose en voz alta o copiándose a mano más veces de las que uno espera. Y la redirección es temporal, no permanente, precisamente para que el destino siga siendo un campo que puedes editar: si mañana cambias la página a la que llevas a la gente, los enlaces que ya están en las bandejas de medio mundo siguen funcionando y siguen contando.
Todo lo de este artículo se hace desde un mismo sitio en GoFeed.
Pruébalo gratisEl techo de contactos no detiene nada
Los contactos de la automatización son la única cuota blanda del producto, y conviene entender qué significa eso porque es distinto de lo que hace casi todo el mercado. Las otras cuatro cuotas del espacio son techos duros: llegas y se acaba. Esta no. Los envíos continúan, nadie se queda sin su enlace, y lo que pasa del techo aparece como una línea en tu factura, por contacto.
Además, el techo no está en todos los escalones. El plan de entrada de cada perfil lleva uno y el resto no lo llevan, así que para la mayoría de los espacios la frase correcta no es «cuidado con pasarte» sino que no hay nada de lo que cuidarse. Las cifras vigentes viven en la página de precios, que lee el catálogo en directo, y por eso no se imprimen aquí. El razonamiento detrás de cobrar así, y por qué no nos parecía defendible cortar una campaña a mitad, está contado en por qué no cobramos por contacto.
Cómo escribir una regla que no moleste
La palabra clave es la decisión que más se subestima. Una palabra corriente convierte la automatización en ruido: si eliges «info», cualquiera que escriba «me das info?» en un hilo de hace tres semanas recibe un mensaje comercial que no pidió. Una palabra inventada y fácil de teclear, escrita en el pie con instrucciones, filtra sola y no obliga a nadie a adivinar.
El paso del correo tiene un límite deliberado. La regla pide una dirección como mucho dos veces y luego manda el enlace de todas formas. Un contacto vale más que un correo, y quien ha contestado dos veces sin darlo ya ha respondido a su manera.
Y después del envío hay una conversación abierta, que es lo que la mayoría de la gente olvida. El hilo aterriza en la bandeja junto a los comentarios y las reseñas del resto de las redes, con su reloj de 24 horas encima, que es la ventana que la propia Meta impone para responder fuera de plantilla. Cómo se sostiene esa cola cuando las reglas funcionan está en la bandeja de entrada, y el oficio de contestar sin sonar a máquina, en gestionar los DM. Una automatización que abre cien conversaciones y deja noventa sin respuesta no es una campaña, es una lista de personas a las que has decepcionado en privado.