La conexión con Claude y ChatGPT es una puerta a tu espacio de trabajo, no un asistente que te vendemos. Añades GoFeed como conector, eliges un espacio en la pantalla de consentimiento y tu propia IA programa, aprueba, importa y consulta con tu usuario y con los permisos de tu rol, ni uno más.
Una puerta, no un asistente
La diferencia importa más de lo que parece, así que conviene dejarla clara antes de contar nada. Aquí no hay un modelo nuestro. No se genera ni un texto, ni un pie de foto, ni una imagen: en toda esta capa no hay una sola llamada a un modelo de lenguaje, y esa ausencia es la prueba de que el producto no escribe por ti.
Lo que se abre es una puerta. La inteligencia la pones tú, con la suscripción que ya pagas a Claude o a ChatGPT, y del otro lado está tu espacio con sus marcas, su calendario y sus archivos. Cuando le pides a tu asistente que mueva la semana de una marca, el que decide qué decir es él; el que comprueba que tienes permiso, que la red admite ese formato y que la pieza pasa por las aprobaciones de siempre es GoFeed.
Dicho de otra manera: lo que cambia no es que ahora haya IA en el producto, es que tu IA deja de estar a ciegas. Hasta ahora le pegabas una lista de publicaciones en el chat y le copiabas la respuesta de vuelta a mano, con los errores de copiar y pegar incluidos. Ahora lee lo que hay y escribe donde toca, y el paso de traducción en medio, que es donde se perdían las horas, desaparece.
Es también la razón por la que esto no envejece con nosotros. El día que salga un modelo mejor, lo cambias tú en tu aplicación y la puerta sigue igual, porque la puerta no sabe qué hay al otro lado ni le hace falta.
Cómo se conecta, en tres pantallas
Se añade desde la pantalla de conectores de Claude, en la web, en el escritorio o en Claude Code, y desde la de ChatGPT, con la dirección de tu espacio. No hay clave que copiar ni token que pegar en un archivo: el inicio de sesión es el de GoFeed, el mismo con el que entras cada mañana.
Después aparece la pantalla de consentimiento, y ahí pasan las dos cosas que definen esta conexión. La primera es que eliges un espacio de trabajo, uno solo: una conexión es un espacio, y para otro espacio hace falta otra conexión. La segunda es que ves escrito hasta dónde va a llegar, que es exactamente hasta donde llegas tú. El paso a paso, con capturas de las dos aplicaciones, está en la guía para conectar tu IA.
Que una conexión sea un espacio y no una cuenta no es una limitación perezosa. Quien lleva tres espacios, el suyo y los de dos socios, no quiere que un asistente pueda saltar de uno a otro porque entendió mal una frase. Si quieres trabajar en el otro, abres el otro conector, y el gesto de cambiar de sitio lo haces tú.
Qué áreas quedan al alcance
No vamos a imprimir un número de herramientas, y no por pudor: el catálogo crece cada pocas semanas y cualquier cifra escrita aquí estaría vieja antes de que leas esto. Lo que importa es a qué da acceso, y son las mismas áreas que usas con el ratón.
| Área | Lo que le puedes pedir |
|---|---|
| Calendario y publicaciones | Ver la semana, crear una pieza con su hora y sus redes, reprogramar lo que se movió |
| Aprobaciones | Sacar lo que está esperando, aprobar o devolver con un motivo escrito |
| Bandeja de entrada | Repasar mensajes, comentarios y reseñas, y contestar |
| CRM | Buscar empresas y contactos, mover oportunidades, volcar un CSV entero |
| Drive y subidas | Ordenar carpetas y meter archivos grandes sin pasarlos por el chat |
| Tareas y briefs | Crear tareas, repartirlas y leer lo que el cliente contestó en su brief |
| Analíticas | Preguntar por el mes, por una red o por una pieza concreta |
| Notificaciones | Saber qué está pendiente sin abrir la aplicación |
La puerta no regala módulos. Llega hasta donde llega tu espacio y tu rol: si tu espacio no tiene un módulo, tu asistente tampoco lo ve, y si tu rol no escribe en él, tu asistente tampoco escribe. Un espacio de creador no tiene clientes que consultar, y eso se nota igual desde el chat que desde la pantalla.
Leer no pregunta, escribir sí
Esta es la regla que hace que la cosa sea usable sin dar miedo. Consultar no interrumpe: preguntar cuántas piezas hay programadas esta semana o cómo fue el alcance del mes se contesta y ya está.
Cambiar algo es distinto. Cada acción que escribe pide tu confirmación en el propio chat, con lo que va a hacer delante, y queda registrada con tu nombre en el historial de la pieza o del registro que tocó. No hay un usuario «robot» al que echarle la culpa después: lo hizo tu cuenta, a petición tuya, y el historial lo dice.
Y una publicación creada así no se salta nada. Pasa por las mismas aprobaciones que una escrita a mano, con la misma espera si la marca tiene la aprobación encendida, porque sería absurdo que la puerta sirviera para eludir el control que le pusiste al equipo.
Todo lo de este artículo se hace desde un mismo sitio en GoFeed.
Pruébalo gratisDos cosas que solo se entienden probándolas
La primera son los archivos grandes. Un vídeo de cuatro gigas no viaja por una conversación de chat, y fingir lo contrario es la manera habitual de que una integración parezca completa y falle el primer día real. Aquí el asistente te devuelve un enlace de subida, el archivo sube directo a la carpeta que le dijiste y la cuota de almacenamiento cuenta igual que siempre.
La segunda es la importación en bloque del CRM. Desde la interfaz no hay importación por CSV, y por esta puerta sí: miles de filas con progreso mientras avanza, aviso por fila cuando algo no cuadra y posibilidad de deshacer el lote entero. Es hoy la vía para traer una cartera completa de otra herramienta, y está contada entera en el artículo sobre importar tus datos.
Para qué lo usa la gente de verdad
Las tres audiencias lo estrenan de maneras distintas, y ninguna de ellas es «escríbeme un pie de foto», que es justo lo que no hace falta esta puerta para pedir.
Una agencia con veinte marcas lo usa para no abrir veinte pestañas: preguntar qué queda sin programar esta semana, en todas las marcas a la vez, y colocar los huecos hablando. Es la consulta transversal que la pantalla no resuelve bien porque la pantalla está pensada para trabajar marca a marca.
Un creador lo usa para cerrar la semana de una sentada, sin abrir el calendario: describe las piezas que tiene grabadas, dice qué días quiere publicarlas y confirma una a una lo que la IA le propone. Y una empresa lo estrena casi siempre por la importación, porque es la forma más rápida de meter una base de contactos que llevaba años en una hoja de cálculo.
Hay un cuarto uso menos vistoso y probablemente el mejor: preguntar. Qué pasó el mes pasado, qué marca bajó, qué pieza se salió de la media. Son preguntas que uno no se hace si implican abrir cuatro paneles, y que se hacen solas cuando basta con escribirlas.
Con tus permisos, y con los de nadie más
La IA no tiene cuenta propia aquí, y eso es más que un detalle de seguridad: es lo que hace que el módulo se pueda dar al equipo entero sin pensárselo. Cada persona conecta la suya y cada conexión hereda el rol de quien la creó, así que quien no puede facturar no factura tampoco hablando, y quien solo ve una marca sigue viendo una marca.
Merece la pena repasar los roles antes de repartir esto, no por la IA sino porque es el momento en que la gente descubre lo que tenía mal repartido. Cómo se organizan los permisos está en el artículo de permisos y roles.
Cómo se apaga
Por dos sitios, y los dos son inmediatos. Cada persona ve sus conexiones y corta la que quiera cuando quiera, sin avisar a nadie. Y el propietario del espacio tiene un interruptor que cierra la puerta entera para todo el mundo, que es el que existe para una noche mala y no para el uso diario.
Encima de eso, el módulo se activa por plan, así que un espacio que no lo tiene contratado no tiene nada que apagar. Lo que sí conviene tener decidido de antemano es quién puede conectar y con qué rol, porque esta es una de esas funciones que se reparten solas por el equipo en cuanto una persona la enseña en una reunión. Cómo queda todo montado, pantalla a pantalla, está en la página del módulo.